A plena luz del día, con luz tenue, con luz indirecta, incluso cenital,
en penumbra, o completamente a oscuras, que es como descubrirse a ciegas.
En el cuerpo a cuerpo, la luz nos predispone, nos enciende, nos esconde o nos ensalza.
Porque no hay dos formas iguales de vivir el amor físico, tampoco hay una sola manera de iluminarlo.

Nadie habla de la relación entre el deseo y la luz.